Soy Cristina... y no tengo ni idea de cómo he llegado aquí...

Al parecer, me había quedado dormida sobre una mesa rebosante de papeles, telas viejas, agujas y una pequeña guillotina ensangrentada…
No podía recordar nada… solo mi nombre y que me gustaba el bizcocho de calabaza… ¿qué había pasado? 
Aquel lugar en el que me hallaba parecía un viejo laboratorio del s.XIX, lleno de polvo y botes de cristal con utensilios extraños. Distinguí una radio antigua encima de la Gramática Egipcia de Gardiner. Era de noche, y gracias a una lámpara de nogal podía ver lo que  me rodeaba.… sí, reconocía esa cara… la había visto tantas veces en la contraportada… era Ágatha Christie la que  me miraba desde su cuadro en la pared, ….y junto a mi mano tenía una taza de te…frío…cómo odio el te frío.
Sobre mi ropa, una bata blanca, manchada, arrugada, pero que olía a jengibre… con seguridad era mía.
Me quité las gafas y giré la cabeza para ver cómo una puerta negra cerraba la pequeña habitación. 
En ese mismo momento escuché el susurro…
“Este no es tu mundo, qué haces aquí , y … ¿de quién es esa sangre?
Tu… eres madre, recuerda sus ojos, y sus preguntas mientras… . Coser papel en aquel lugar de techos altos y grandes ventanas ocupaba algunas de tus tardes" .

Si, eso era cierto. Unas pequeñas manos jugando con bloques de colores entre mis cartones…mis cartones y ese jarrón azul ártico al que nunca le faltaban margaritas. Empezaba a recordar… pero.. ¿y la sangre?


La voz se volvió más áspera y prosiguió… “ plegabas el papel mientras escuchabas a Nina Simone, e imaginabas el envoltorio de tu obra… 
“mi obra”, pensé… “Yo hago cuadernos”, dije sin a penas fuerza… “los fotografío y mimo hasta entregarlos” 
La voz me interrumpió
-”¡No, no, no ya no haces cuadernos… ahora, tú, EXPERIMENTAS cuadernos, los transformas y doblas hasta convertirlos en triángulos, los rompes, les añades trozos, les quitas pedazos y suturas partes para convertirlos en algo más que cuadernos …
Son pruebas donde ensayar sus emociones, sus deseos y debilidades…
Todo se manipula en ese pequeño objeto de papel y tela. Sí, tela. Sabes que no la cambiarías por nada…
Cada uno es único, cuenta su historia, su memoria, su porqué.  
Y tienes que continuar, no lo puedes dejar ahora, ahora no…”

-“pero… yo… yo no sirvo para esto“… 
-“elemental, querida, por eso estoy aquí”.


De pronto sentí el temblor de mis dedos y cómo mi garganta se cerraba.
La voz continuaba sus frases convertidas en un murmullo seco del que no podía distinguir ni una palabra.
ya sabía de dónde procedía…. 
debía girarme…
y lo hice…

Allí estaba, esa vieja fotografía de Michael Faraday, mirándome, sonriendo…

 No puede ser, dije en voz alta, pero si tu… 

-“¿Sigues aquí?” , ahora era una voz clara y suave la que se dirigía a mi desde el otro lado de la puerta, mientras yo permanecía inmóvil, mirando al creador de la famosa jaula…
 - “otra vez te han dado las tres, y mañana tienes que llevar al niño al cole, anda, vamos, deja ese cuaderno…
Pestañeé un par de veces y me toqué el pelo al darme la vuelta.
“ ya está terminado, ahora mismo voy, Juanma”
No hizo falta nada más para saber que tenía que volver, ….
Coloqué la plegadera, apilé los papeles y retiré la tela rojo cereza que cubría buena parte de la mesa, … era tan bonita, con ese degradado… el diario había quedado precioso, sin duda a Elvira le gustaría …
221 veces me había repetido lo mismo, “no te quedes tan tarde”,… pero daba igual, nunca me hacía caso…
porque siempre que puedo cierro la puerta negra.

Bienvenidx a mi laboratorio de encuadernaciones insólitas.


Comentarios

  1. Respuestas
    1. Me alegra que te guste, y te agradezco muchísimo el comentario . Cuidado con los susurros.

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